Alfredo Castañeda (1938)

Muy ligado con el trasfondo síquico que puede esconder la obra de Cuevas, se encuentra también el trabajo de Alfredo Castañeda, heredero del singular movimiento surrealista que surgió en Europa hacia 1922 y marcó la producción de muchos artistas mexicanos. A partir de la década de los años cuarenta, diversos estilos y tendencias se configuraron bajo la influencia de esta corriente plástica. La obra figurativa de Castañeda ha encontrado su móvil principal en esta corriente y, a partir de su gran capacidad como dibujante y de una técnica impecable, ha creado un universo fantástico propio, inconfundible, que le ha dado un lugar importante entre los más sólidos valores del arte mexicano actual. Nació el 18 de febrero de 1938 en la ciudad de México. De 1950 a 1954 estudió pintura y dibujo con el pintor J. Ignacio Iturbe, hermano de su madre. En 1956 inició la carrera de arquitectura que interrumpió tres años más tarde para hacer un viaje por Europa, durante el cual se dedicó a pintar. Al regresar, terminó sus estudios y se tituló como arquitecto en 1964. De 1962 a 1971 trabajó alternativamente como arquitecto y pintor, y a partir de ese año se dedicó por completo a pintura. Castañeda ha hecho de su obra algo insólito y maravilloso; un universo lleno de recuerdos, premoniciones, visiones, obsesiones, reflexiones, evasiones, sensaciones, sueños y ensueños. Ha inventado un lenguaje figurativo, alegórico y simbólico, en donde las imágenes provienen de su mundo interno y de la traducción personal de la realidad exterior. Un mundo pletórico de circunstancias anímicas, en el cual la poesía y la filosofía han tenido un papel preponderante. A diferencia de muchos pintores adeptos a un surrealismo que se denomina ortodoxo, Alfredo Castañeda nunca ha desdeñado la utilización de la razón consciente para organizar en el cuadro sus evocaciones y fantasías. Por lo tanto, si bien su arte presenta claros elementos de raigambre surreal, cada una de sus obras corresponde a fantasías organizadas que tienen su fundamento en un sondeo interior que se relaciona con un proceso introspectivo. Hay dos puntos importantes a considerar en la obra de Castañeda. El primero se refiere a los seres que pueblan su mundo pictórico y el segundo al tipo especial de actitud que él asume ante estas imágenes. Así, todo lo que el artista ha puesto en sus cuadros parece un pretexto de su propia moral. La construcción de sus imágenes y su simbología han pretendido inquietar, conmover y comunicar. Su interés se ha centrado en el aislamiento del ser humano y, a partir de sus símbolos, la fantasía y un idealismo romántico, ha profundizado en la ambigüedad del ser, en lo que el hombre ha sido y ha buscado siempre; reflexiones que ha venido manifestando en su producción a partir de un motivo principal: el auto conocimiento.

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